TP nro. 2 "La ciudad como escenario" - Teoría de la deriva

Memoria descriptiva de la experiencia recorriendo el barrio de San Telmo


Jueves 31 de Mayo, a las 15.30 de la tarde. Me encontraba dando inicio al recorrido por el barrio de San Telmo. Parada ni más ni menos que en la esquina de Avenida Belgrano y Piedras. Mi objetivo era llegar hasta la esquina donde Humberto 1° y Defensa convergían.


En ese instante llovía sin cesar, así que mi algoritmo concluiría de la siguiente forma: por cada persona que me cruzase viniendo de frente mío por la vereda, si esta llevaba un paraguas negro consigo, serían invitadas escoger un número del 1 al 10. Si la persona en cuestión elegía un número mayor al que tenía en mente -sería constantemente el 5- giraba a la izquierda; si pensaba uno menor,a la derecha; si acertaban el que tenía en mente, seguía en línea recta. Finalmente el camino hecho, en la primera instancia, hasta mi objetivo fue trazado de la siguiente manera:

En la primera cuadra, a la altura de Venezuela y Piedras aproximadamente, me topé con un hombre anciano cuyo número fue el 5. Seguí recto. Me detuve en méxico y piedras para tomar una foto de esa esquina en particular. Me quedé ahí durante unos 10 minutos para tomar la foto que tenía en mente pero luego me frustré  debido a que la poca gente que caminaba por ese punto manifestaban una actitud reacia hacia la cámara, algunas se detenían para no interferir en la foto y otras cambiaban de dirección al verla. Maldije la situación, literalmente, y me cuestioné el porqué no podía tomar una foto retratando el ambiente de allí y por qué las personas se incomodaban tanto. Seguí recto hasta que, como si el cosmos me hubiese escuchado, dos hombres que salían de un local de electrónica interacturon conmigo y jocosamente me preguntan si no les tomaba una foto "trabajando". Me reí junto con ellos y comenzaron a posar. Me preguntaron qué hacía y de dónde era y que luego les mandara la foto. Antes de despedirnos le pedí a alguno que me dijera un número del 1 al 10. Dijeron el 6, debía girar a la izquierda al finalizar la cuadra. De repente, volteo a mirar la cuadra de frente, había una barbería.
Dentro tres hombres, uno de ellos haciéndome señas con las manos advirtiendo que quería que le saque una foto, había vuelto a pasar, de repente me estaba cruzando con gente que comenzaba una interacción conmigo motivo de la presencia de mi cámara. Fui conciente de mi oportunidad de volver a tener una charla casual con desconocidos. Entro a la barbería, me quedé conocíendome con Adon (23) y Dani(19), dos jóvenes de República Dominicana quienes se encontraban en Argentina desde septiembre del 2017 y el 2014 respectivamente, el tercer hombre (30) nunca me dijo como se llamaba pero era originalmente de Charata, un pueblo de Chaco. Me interesé por conocer un poco los motivos de Adon y Dani del por qué llegaron a Argentina y cómo les fueron las cosas desde entonces. Ambos llegaron al país no por decisión propia sino fueron traídos por sus familias quienes habían llegado primero buscando una mejor calidad de vida. Dani me contó que aprovechó su oportunidad de terminar la secundaria en el Instituto Mariano Moreno de bachiller acerlerado.
"Estamos contentos con nuestra vida en Buenos Aires" -expresaron ambos- "en nuestro país uno tiene que trabajar muchísimo más para conseguir lo mismo que aquí por menor esfuerzo, queremos progresar"
Me pareció curiosa la diferencia entre nuestras percepciones sobre el país, a tantos argentinos nos parece que las cosas van de mal en peor a nivel económico, político y social mas quienes vienen de circunstancias menos favorables que las nuestras los porteños -en el mejor de los casos- encuentran una oportunidad de progreso que en su país de origen no tenían y que muchas veces el propio argentino desaprovecha.

"Ustedes no le dan valor a sus propios músicos ¡Le dan muchísimo más valor a los músicos de afuera!" - exclamó Dani  en respuesta a qué crítica nos haría a nosotros los argentinos.

Di por finalizada la charla y luego de varios clicks con mi cámara me despedí de los chicos para seguir mi camino. Doblé a la izquierda en Estados Unidos y Piedras. La calle se encontraba bastante desolada, salvo por una niñas que se escondían de sus madres y que luego salieron corriendo hasta la esquina de Estados Unidos y Chacabuco. Luego la madre de una de las ñiñas emitió un grito a una de ellas que la dejó anonadada por un momento, pero al cabo de unos segundos después le niña había vuelto a saltar y cantar.
Crucé la calle y me encontré con una librería pintorezca, cuyos libros exibidos en la vitrina eran lo suficientemente viejos  y con gráficas particulares como para captar mi atención. Entré sin vacilar. Dentro encontré libros de varios idiomas, de tapas texturadas, típico de los libros antíguos y de títulos llamativos como "Filosofías del underground" (Luis Racionero, España, 1976), este fue el libro que me invitó a ingresar a la pequeña y pintorezca librería. A razón de la agradable entrevista a los chicos dominicanos, surgió en mí la curiosidad de conocer la nacionalidad del hombre mayor que trabajaba allí, ¿Será también inmigrante?¿Tendrá una experiencia que quiera compartir?¿Será suya la librería?.

"soy bien criollo" -respondió. Y me habló un poco de la librería también. Club Burton (Estados Unidos 700, San telmo) está vigente desde 2006 y fue de las primeras librerías de barrio. Dada la manifestación de mi interés por entrevistar extranjeros, el hombre y la mujer que estaba a su lado me sugirieron visitar la librería Walrus Books, puesto que el dueño es de origen estadounidense, quien luego contrairía matrimonio con una salteña. Y este fue el punto de partida de un suceso interesante. 
Walrus Books parecía cerrado. De repente la puerta se destraba y se abre. Dentro había un chico rubio, de unos veintisiete años,ojos claros, llamativamente introvertido y muy amable. Le comenté  a quién buscaba y me dijo que Jeffrey -el dueño- no se encontraría hasta el sábado. Disparé un par de fotos dentro del lugar, le agradecí la atención y me fui de ahí. Sobre la esquina de Estados Unidos y Perú opté por hacer una pausa e ir por un café.
En mi afán de encontrar un sitio de precios razonables, sobre Avenida Independencia y Perú y en dirección opuesta a mí, una cara conocida resalta entre la multitud, me reencontré con una gran amiga de la cual me había distanciado durante los últimos 2 meses. Natalía casualmente se dirigía a las tiendas de antigüedades de la calle Defensa buscando quien le comprase un juego de compases alemanes  sumamente antígüo que hacía años no utilizaba. Supe que era mi oportunidad de pasar tiempo con ella y arreglar asuntos inconclusos entre nosotras.

Entramos como a 5 locales, no hubo suerte de que alguno lo comprara, coincidimos en que era mejor tomarnos un café juntas y ponernos al día. Le comenté sobre el trabajo que me traía a San Telmo.  Nos encontrábamos caminando frente a Walrus Books y le cuento que había entrado a la librería preguntando por el dueño que era extranjero y que me había atendido quien yo creía era  su hijo. Natalia replica que está segura que los padres de ese chico eran argentinos y no eran dueños de ninguna librería. 

-¿Por qué decís eso? -me extrañé.
-Ese chico que trabaja ahí es Benjamín, fue mi primer novio de la secundaria-respondió.

Natalia me había comentado mucho sobre él en el pasado pero jamás lo había conocido. Aunque él es hermano de una íntima amiga de ella, poco supo de la vida Benjamín los últimos años. De hecho, el juego de compases que traía consigo fue un regalo de su suegro que le había regalado a ella cuando comenzó a estudiar la carrera de arquitectura. Entramos a la tienda y nos encontramos finalmente los tres. 

La reflexión que me genera lo que sucedió aquel día es cómo un algoritmo pensado al azar, cuyo punto de llegada se suponía era la esquina de Defensa y Humberto 1°, me llevó a otro diferente: romper una distancia física y comunicacional en un encuentro con una especial amiga , y a su vez, generar en Natalia un acercamiento a una persona, quien marcó un antes y un después en su vida, esa misma tarde. He llegado a la conclusión de que el personaje principal de esta experiencia es el propio barrio de San Telmo. Este conjunto de cuadras que alberga tanta calidad histórica nos enlazó a los tres. ¿Y si Natalia  no hubiese tomado la decisión de deshacerse de ese objeto  y dirigirse en un día lluvioso al barrio?; ¿Y si yo hubiese optado por basar mi trabajo en otro distinto?; ¿Qué hubiese pasado si no hubiera  entrado e interactuado con los dueños de la librería Club Burton que me conectaron con Benjamín?, y si no hubiese sido conciente de vivir el momento... este encuentro tan perfecto entre nosotros tres, quizás, no habría existido. ¡Y de cuánto me había perdido! 

Al día siguiente volví  al punto donde pausé para concluir el recorrido. Pero al haber cambiado el clima cambié a su vez el algoritmo. En el camino hacia ese punto me encontré en medio de múltiples manifestaciones de sindicatos, casi que marchaba junto con ellos. Esas cuadras metida entre los diferentes grupos me ayudaron a idear lo siguiente: Ahora, a quien viniese caminando en dirección contraria a mí fumando un cigarrillo,  le cuestionaría su postura política respecto del oficialismo (a favor, en contra o indiferente) y cada respuesta determinaría:

a. A favor: girar  a la derecha
b. En contra: girar a la izquiera
c. Indiferente: seguir recto

Recibí 3 respuestas: 1 a favor, 2 indiferente. Mi recorrido fue condicionado de la siguiente manera llevándome a mi punto de llegada. 

Ese día la gente siguió interactuando conmigo. Mientras me encontraba en la esquina de Carlos Calvo y Defensa filmando a una señora dentro de un bar tomando café, un jóven  en frente mío vacilándome me grita que quiere que le saque una foto. Accedí predispuesta. Nos presentamos, Bruno Leandro Ruarte es su nombre, vive en el barrio de Avellaneda e iba camino a su trabajo en un comedero comunitario sirviendo la merienda. Prometí enviarle la foto por facebook. Seguí recto hasta llegar a Betlhem y Defensa (Plaza Dorrego) y fotografié a una pareja de jóvenes que se veían felices. La charla fue breve. Finalmente me dirigí a mi punto de llegada. Situada en la esquina de Defensa y Humberto 1°, Sebastián, un jóven artesano me invito a comprar alguno de sus trabajos o fotografiar su puesto. Compartimos unos mates que agradecí de todo corazón debido al frío de aquella tarde.

 Sebastián es originalmente de Canelones, un pueblo al noroeste de Montevideo, se encuentra radicado en Buenos Aires. Como Sebastián no utiliza redes sociales acordé que lo volvería a visitar para regalarle las fotos impresas que le tomé junto a su puesto y él a cambio -insistió-  me regalaría la artesanía que más me guste.

Recorrido fotográfico:











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